Ante Carbono 14 podríamos hablar de tierra arrasada. La idea está condensada en pinturas abstractas que, por la riqueza de sus texturas y la sobriedad del color, podríamos asociar al informalismo catalán de los años cincuenta. Pero no, se trata de otra cosa. Gomezbarros imagina, prefigura y representa un mundo destruido del que sólo se salvarían los insectos más resistentes. La connotación es simple; la elaboración, compleja. La obra es una advertencia, un grito destemplado, tal vez un exorcismo para que nada de lo prefigurado suceda.

 

En la era de la globalización, las destrucciones no son parciales sino globales. Todos participamos de ella. Entre más sofisticada y tecnológica es una sociedad, más agresiva es y más veneno arroja en la atmósfera. Entre más rústica y primitiva, menos capacidad de destrucción tiene y menos aporta a la contaminación generalizada. En su última serie Gomezbarros ha elaborado una metáfora a partir del carbono 14, o sea del “metro radioactivo”  que permite medir con cierta exactitud la edad de un objeto centenario. Reflexión al margen, pero pertinente: ¿No será que, por carecer precisamente de tecnologías sofisticadas, el hombre primitivo está destinado a ser el único en poder sobrevivir la catástrofe anunciada y se encargará con sus escasos medios de repoblar la Tierra?

 

Alvaro Medina

To play, press and hold the enter key. To stop, release the enter key.

press to zoom
press to zoom
press to zoom
press to zoom
press to zoom
press to zoom
press to zoom
press to zoom
press to zoom
press to zoom
press to zoom
press to zoom
press to zoom
press to zoom
press to zoom
press to zoom
press to zoom
press to zoom
press to zoom
press to zoom