Sin duda vivimos tiempos de hedonismo, incluso aquellas formas sociales que parecían tener un valor únicamente intangible han sido transformadas por medio de la manipulación del deseo. Aquello que parecía guardar una cierta distancia con la lógica de la mercancía, como las formas de lo ritual, las religiones y otras prácticas espirituales han sido colonizadas por el consumo convirtiendo cada aspecto de la vida en productos y servicios. El consumo individualiza toda práctica, transformando al consumidor, en mente, cuerpo y espíritu, en un receptáculo de estímulos que lo sustraen de la vida colectiva.

 

Esta situación desarticula el sentido del ser como parte de una comunidad, al despojarlo de la necesidad de la mediación, el consenso y la colaboración. Además, el consumidor recibe productos personalizados, que responden a sus gustos y necesidades, pero su estado de satisfacción individual sustrae de éste la consciencia de que estas modificaciones muy probablemente son demasiado sutiles para constituir una verdadera diferencia. Rafael Gomezbarros comprende que, en la lógica de la producción masiva, esta diferencia es en realidad, una bien manufacturada ilusión.

 

La Especialidad de la Casa es un proyecto escultórico donde es posible indagar sobre estas condiciones, a partir de una narrativa visual que se proyecta progresivamente sobre la conciencia del espectador. Desde lejos, el conjunto de piezas que conforman la instalación parecen superficies escarpadas, casi una suerte de escamas enclavadas o suspendidas en muros y soportes del espacio exhibitivo. Pero, a medida que el público se acerca a cada una de ellas, descubre un conjunto de formas lisas, seriales y brillantes y se despeja toda duda de su origen. Lo que está ahora ante nuestros sus ojos es un conjunto de cucharas superpuestas unas a otras en configuraciones geométricas, que provienen quizá de formas precolombinas.

 

Sin embargo, aunque la cuchara se muestra como protagonista de una inequívoca retórica del consumo, se ofrece también como dispositivo modular a partir del cual emerge una complejidad estructural y mental, no advertida en principio. Así como el acto de consumo encierra un deseo inherente de autosatisfacción y por ende la promesa de una vida mejor, la inmediatez inherente al acto de consumir hace de aquella satisfacción un placer efímero; de esta forma, exigiendo del consumidor una repetición compulsiva del acto del consumo, que se aferra a cada nuevo objeto de deseo por un tiempo escaso; y en cada nueva repetición, el deseo se desvanece. En este juego de paradojas entre la satisfacción y el vacío, aparece también el hambre, un sinfín de vacíos representados por igual cantidad de cucharas, efecto colateral de la desmesura del consumo, que en su voracidad, altera el balance y despoja a muchos de toda satisfacción.

 

David Ayala Alfonso

 

NO TODO LO QUE BRILLA ES ORO ( 2015 )

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LAS COSAS BELLAS NOS HACEN ESCLAVOS ( 2014 - 2015 )

LAS COSAS BELLAS NOS HACEN ESCLAVOS
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LA ESPECIALIDAD DE LA CASA ( 2011 -  2014 )

HAMBRE
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HAMBRE - DETALLE
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DETALLE MANTO
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