Rafael Gomezbarros presenta el diseño de un proyecto de intervención efímera con el que propone ocupar 50 metros cuadrados alrededor de la estatua Bolívar, en la Plaza principal de Bogotá: doce mil cilindros de gas vacío a modo de ladrillos sostenidos en un armazón, conforman muros dentro de lo que se considera casi intransitable: un laberinto. La propuesta re-significa artefactos de guerra (armas y municiones) acompañando un tránsito desde su intimidante presencia al interior de estas estructuras, para pensar no el diálogo sino en la implementación.
 
Si bien estas no han sido fundidas, tampoco fueron máquinas de muerte: utilizadas en la distribución de combustible de gas licuado de butano y propano, cerradas y presurizadas, para uso familiar e industrial, fueron inicialmente aliadas de la cocina, el alumbrado o la calefacción y, por lo mismo, de la construcción del espacio doméstico intramuros que han sido reclutadas a fuerza como artefactos para hacer estallar esos mismos muros y otros tantos más: armas no convencionales cargadas con explosivo y metralla (para producir mayor daño), disparadas a distancia por morteros artesanales como proyectiles cuyo alcance destructivo resultaba extremadamente alto para compensar, en los cálculos execrables del conflicto, su baja precisión para fijar el objetivo en el lanzamiento. Los desastres que produjeron, resultaron emblemáticos para señalar la completa indefensión de poblaciones vulnerables fugazmente visibles luego de que estos hechos han sido consumados.
 
Bajo el nombre de Regresando a la semilla, propone disponer del ágora del Distrito Capital para un ejercicio colectivo de confrontación con la memoria reciente. El Libertador, despojado temporalmente de su libertad, es recluido dentro de cuatro muros más altos y gruesos que las demás estructuras levantadas a su alrededor conformados por cilindros convertidos en chatarra alrededor de la plataforma donde se ubica su escultura: Bolívar, inesperado e inmóvil Minotauro, constituye simultáneamente la salida de ese circuito con una amplia puerta dispuesta a sus espaldas. El proyecto recodifica una arquitectura de la violencia como desafío: encontrar en la imagen de la hostilidad vías posibles para la paz. No habría que ver allí el encuentro con un hito histórico fundante (fundador o fundacional) como el que encontramos en los héroes de mitos y leyendas que logran una estabilidad a partir del asentamiento, sino una labor que asume también el ámbito, dinámico y dúctil, de lo fecundante. 
 
 
  • Facebook Black Round
  • Pinterest Black Round
  • Instagram Black Round
  • Vimeo Black Round
  • Blogger Black Round
  • Twitter Black Round

Rafael Gomezbarros © 2018